Historia

La historia del olivo se inició hace más de 12.000 años cuando se desarrolló a través del Mediterráneo. Su cultivo data de más de 6 milenios y comenzó en Asia Menor, específicamente en Siria y Babilonia.

Se expandió desde Grecia al oeste del Mediterráneo y su aceite llegó a considerarse como una riqueza del mundo occidental por entonces conocido.( En Grecia por ejemplo, se encontraron diversas pinturas de Poseidón y Athenea en las que ya aparecía el olivo y que llamaron la atención de escultores de la talla de Phidias para decorar uno de los laterales del Parthenon).

El olivo, Olea Europea, se introdujo en la península Ibérica por los Fenicios y Griegos alrededor del siglo I antes de Cristo. Los Romanos extendieron su cultivo y mejoraron las técnicas de producción. El comercio con el aceite de oliva jugó un papel muy importante en el desarrollo de la economía del Mediterráneo. Los aceites de oliva de la antigua Hispania, el mayor proveedor de este oro líquido, se consideraba como el de mejor calidad y fue comúnmente consumido tanto en Roma como en muchas otras partes del Imperio.

Multitud de ánforas fueron descubiertas tanto en diferentes provincias del imperio como en los campamentos militares en Alemania y en la ciudad de Colonia, lo que demuestra que el aceite de oliva se exportaba también a esta área y las otras regiones bajo el imperio Romano como Britania, la Galia, Mauritania Tingitana, Masouritania Caesarriensis y Alexandria.

Los árabes por el contrario fueron muy buenos agricultores y legaron nuevas técnicas de cultivos al olivar que permitió incrementarla producción. El nexo es tan fuerte que la palabra “aceite” proviene del árabe “al-zait” que significa “zumo de la aceituna”.

Únicamente los superiores y las clases eclesiásticas tenían acceso al aceite de oliva y es conocido que en los monasterios, a cada monje se le distribuía una ración de aceite para sazonar las comidas. Sin embargo, llegó un momento que la producción de aceite de oliva fue tan escasa que se utilizó únicamente para propósitos litúrgicos. El jueves santo por ejemplo se consagraba con aceite y se distribuía a todas las iglesias de la diócesis, que tuvieron que administrar los suministros para que éstos durasen un año de forma que no faltase nunca en los santos óleos o en las lámparas de los altares, en los cuales únicamente se podía utilizar aceite de oliva.

El siglo XIV vivió una significativa expansión del olivo en todo el Mediterráneo y su longevidad y la facilidad para el cultivo lo convirtió en toda una inversión a largo plazo. Además, el aceite de oliva se utilizaba cada vez en mayor medida como un medio para la conservación de los alimentos que se intercambiaban más entre el sur y el norte de Europa.

Con el descubrimiento de América en 1492, los colonizadores Españoles en las Américas anhelaban hasta tal punto el pan, el vino y el aceite que trataron por todos los medios de cultivar sus tres productos más preciados, que no era otra cosa que la base de su alimentación, en aquellas tierras recientemente colonizadas.

Durante estos últimos años y en la actualidad, España se ha convertido oficialmente en el primer país productor de aceite de oliva, llevando a los mercados Internacionales un producto de excelente calidad, tanto desde un punto de vista nutricional como culinario. Hoy en día, además de en el Mediterráneo, existen plantaciones de olivos en otras zonas de nuestro planeta como en el Norte, Centro y Sur de América, también en China, Vietnam, el sur de Oceanía y Sudáfrica.